jueves, 5 de marzo de 2026

LA ESTRELLA EN EL BOLSILLO

 

LA ESTRELLA EN EL BOLSILLO

 

Es una tarde gris de enero y el cansancio me pesa en el cuerpo. Siento una punzada de tristeza mientras apoyo la frente en el frio cristal, observando como el viento zarandea las hojas de un lado a otro. Parecen bailar al son que la naturaleza les canta. Hoy el viento ha decidido ser malvado castigándolas y arrastrándolas lejos del lecho del jardín. De pronto en un momento de calma, el viento loco y enfurecido se detiene. Parecía que las hojas me gritaban desde el suelo que las cobijara. No pude quedarme tras el cristal. Salí al jardín con mi escoba y empecé a barrerlas.  Sentía como se arremolinaban a mi alrededor como si supieran que yo era su último refugio.

Las metí todas en un saco y las puse con cuidado al pie del árbol que un día vistieron con orgullo. Por fin descansaban todas tranquilas y juntas. Todas menos una que se coló en el bolsillo de mi abrigo.

Aquella noche fría y lluviosa, regresé a la ventana, miré y ya no quedaban hojas que barrer. Alcé la vista al cielo y el vacío y la oscuridad me sobrecogió. Ni una sola luz, ni un solo destello. Las estrellas habían desaparecido. Con el corazón encogido me pregunté:

-         ¿Habré barrido también las estrellas?

De pronto una voz frágil y dulce brotó desde el bolsillo de mi abrigo.

-         Estoy aquí – me dijo – lo barriste todo y lo que no, el viento se lo llevó. Se llevó incluso las estrellas.

Sentí un pequeño calor en el bolsillo.

-         Me cobijé contigo porque no quiero que estes sola. Guárdame cerca y no me dejes ir. Soy esa estrella que tanto brilla, la misma a la que miras cada noche, a la que hablas y en donde buscas difíciles respuestas. Hoy mi cielo es tu abrigo.

Allí guardé eternamente esa hoja seca, que yo sabía que era mi estrella. Nunca la dejé. Siempre me alumbró y siempre me dio su pequeño calor.